Ocean Drive, donde se vive Miami

Miami Beach, más precisamente la zona de South Beach, es de esos lugares con un encanto especial que atrapa a los visitantes. Justamente, en esa área están el Distrito Art Decó, la famosa avenida Collins y el sitio por donde pasa la vida: Ocean Drive.

La salida de Orlando hacia Miami se vio demorada porque dos de los tripulantes del auto alquilado se quedaron dormidos. Luego hubo que cargar el equipaje en la puerta del hotel (el Rosen Centre), tarea que demandó varios minutos y no pocas discusiones más.

La primera de estas fue sobre qué vía tomar: la Turnpike o la I 95. La diferencia entre ambas no es menor. La primera es una autopista privada con estaciones de peajes, con un costo aproximado de U$S 18 para el trayecto.

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El tráfico es más ágil (el límite de velocidad es de 75 millas por hora, unos 120 kilómetros) y cuenta con plazas de servicio cada 70 kilómetros (45 millas) con baños, bares y cafeterías, cajeros automáticos y estaciones de servicio. Si carga gasolina, tenga en cuenta que en EE.UU. se utiliza como medida el galón, que equivale a 3,8 litros y cuesta alrededor de U$S 2,70 cada galón.

La I95, en tanto, es una autopista muy utilizada y popular en el sur de EE.UU., que recorre el estado de la Florida. Si bien no hay estaciones de peaje, el límite de velocidad es menor, 55/60 millas por hora (88/95 kilómetros) y el tráfico es mayor, sobre todo de camiones.

Luego de optar por la Turnpike y ajustar el GPS, se inició el viaje y 3,30 horas después Miami se presentó ante los ojos de los viajeros.

¿Qué visitar? Miami. El paraíso de las compras.

Gracias a la maravilla de la tecnología, el GPS nos llevó directo al Leslie Hotel, en el corazón del Art Decó District, en Ocean Drive 1244 y allí nació esta crónica de uno de los sitios más emblemáticos de Florida.

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En esa área de South Beach, plena de edificios representativos de la corriente arquitectónica art decó hay leyes muy rígidas (y envidiables para quienes vemos desaparecer mucho patrimonio arquitectónico): las fachadas de las construcciones de ese estilo, producto de los maestros de la arquitectura art decó Kiehnel y Elliott, no se pueden alterar.

Es común, entonces, ver cómo se “vacían” edificios enteros, generalmente hoteles, queda solamente la “cáscara” y por dentro se reconstruyen o refaccionan totalmente.

Es el caso del Leslie, construido en 1937, hace un par de años fue refaccionado por dentro y su fachada puesta en valor. Lo mismo pasa con su vecino, The Carlyle, de 1939, donde se filmaron escenas de Bad Boy 2, con Will Smith, y Scarface, con Al Pacino y Michelle Pfeiffer, y que actualmente está en obras.

Una cuadra más adelante, en la esquina de Ocean Drive con la calle 13, se ubica el Hotel Cardozo, tan conocido como sus famosos propietarios: Emilio y Gloria Estefan.

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También entrará en obras a fines de este año el hotel Nassau Suites, en el 1414 de Collins Avenue, y hace poco fue refaccionado integralmente The Shepley Hotel, situado una cuadra antes, en el 1340 de Collins Ave, con un lobby inolvidable que parece extraído de un catálogo londinense.

Estos tres establecimientos, el Leslie, el Nassau y el Shepley, son gerenciados por Alquimia Hospitality Group, empresa conducida por el argentino Pablo D’Onofrio, un histórico de la hotelería en nuestro país.

Y, junto a los hoteles ubicados sobre la avenida Collins, los otros, levantados sobre Ocean Drive, son icónicos del estilo art decó.

El bulevar más famoso

En el título se dice que Ocean Drive es donde “se vive” Miami. Ahora veremos porqué. Ubicados a la altura de la calle 4 de South Beach, en la primera vía paralela al mar, si se mira hacia el norte la visión se llena de motivos para el asombro.

Son 11 cuadras con un decorado muy singular: a la derecha, un parque de césped y palmeras limitado por un lado por la vereda y por el otro, por una rambla e, inmediatamente después, una de las más lindas y extensas playas de Miami.

Del otro lado, a la izquierda, una sucesión de edificios estilo art decó en un inmensa mayoría, ricamente decorados, iluminados y conservados, que contienen algunos de los bares, restaurantes y tiendas más famosos de South Beach.

Es Ocean Drive, un bulevar tipo paseo marítimo, la perla de South Beach y una de las zonas más populares de Miami Beach.

Recorrer esas 11 cuadras, hasta la esquina con calle 15, es adentrarse en un universo con la más variada fauna humana que se pueda imaginar.

Mientras de un lado, junto al mar, se pueden apreciar cuerpos esculturales y bronceados que van o vuelven de la playa; hombres y mujeres que caminan, corren, van en bicicleta o patinan; homeless que piden un cigarrillo y fuego, claro; parejas con niños que juegan o los pasean en sus cochecitos; grupos de jóvenes cuyas voces y risas demuestran eso, que son jóvenes; alguna chica con vestido de noche y zapatos en la mano que, seguramente, vuelve de una noche agitada; policías en carritos eléctricos, y hasta una doble columna de marines, con sus uniformes y mochilas, que desfila quién sabe desde y hasta dónde.

Si esto no es fauna humana diversa, entonces qué es.

En la otra vereda, sombrillas multicolores y palmeras brindan la sombra necesaria para que los cientos de bares y restaurantes acojan a sus clientes, que seguramente demandan cócteles tropicales y otras bebidas, todo en un entorno de música latina y de la otra, a todo volumen, en una parafernalia de voces y ruidos imposible de acallar.

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Y es de imaginar lo que es esa vereda a lo largo de Ocean Drive en las noches, cuando las luces led de colores que adornan árboles y sombrillas y las que provienen del interior de los edificios, bañan ese escenario de un hálito de irrealidad.

Ahora, en lo que la noche y el día no son más que una circunstancia temporal, es en cuanto a la obligada, constante e imperdible “vuelta del perro”.

Hay que mostrarse

En nuestros pueblos y ciudades, no grandes urbes sino esas más chicas, del interior, pueblerinas, salir a dar la “vuelta del perro” por la plaza principal y alrededores, sobre todo si se ha cambiado el auto, es parte de las costumbres más acendradas.

Salvando las distancias y el volumen, claro, en Miami también se estila. ¿Y dónde mejor mostrarse que en South Beach? Y la mejor vidriera de esa parte de Miami es, precisamente, Ocean Drive.

Salen a pasear, con gesto indiferente, canchero, pero espían de reojo para ver si los miran. Pasan a marcha lenta con sus Mustang, sus Camaro, sus Ferrari o sus Lamborghini, rojas, amarillas, negras, algunas descapotables; también en sus motos Harley Davidson, sin casco y con ropa “casual”, o en las camionetas Hummer, de grandes ruedas y llantas cromadas.

Eso es dar la “vuelta del perro” por Ocean Drive. Y pasan una, dos y hasta tres veces. Si hay lugar para estacionar, algo no muy común, lo hacen y bajan a uno de los bares con mesas en la vereda para tomar algo y juntarse con amigos.

Y el lector imaginará que son ciudadanos estadounidenses, habitantes de Miami, quienes hacen esos paseos demostrativos. Sí, claro, muchos lo son pero no todos, algunos de ellos son turistas que alquilan esas “máquinas” para salir a mostrarse por Ocean Drive y sentirse, aunque sea un rato, un par de días, un personaje de película, alguien de vida fácil y cómoda.

Luego llegará el momento de chocar con la realidad y tener que pagar la tarjeta de crédito, con el 35% de la retención de Afip incluida. Pero, quién les quita el placer de esos momentos de gloria.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/turismo/ocean-drive-donde-se-vive-miami