Hacia la erradicación de la malaria

En la última década se han conseguido grandes logros en la lucha contra la malaria. Aunque todavía queda camino por recorrer, expertos e instituciones de todo el mundo continúan trabajando para lograr el control de esta enfermedad y su posterior erradicación.
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Un paciente se somete a un tratamiento después de ser diagnosticado de malaria en el hospital Kanchanpur de distrito Norte Tripura en el estado de Tripura, India
La Organización Mundial de la Salud indica que la tasa de mortalidad por malaria ha disminuido en más de un 47% en los últimos quince años. La mayor parte de los fallecimientos causados por esta enfermedad se producen entre niños africanos.

De hecho, en aquel continente cada minuto muere un niño debido a la malaria. No obstante, la OMS subraya que, desde el año 2000, la tasa de mortalidad por paludismo en niños se ha reducido en aproximadamente un 58% en África.

La malaria o paludismo es una enfermedad causada por parásitos del género Plasmodium, que se transmiten a las personas a través de la picadura del mosquito Anopheles. Hay cinco especies de parásitos que provocan paludismo en humanos. Entre ellas, la más mortífera es el Plasmodium falciparum.

INMUNIDAD PARCIAL Y TRATAMIENTOS

La malaria es una enfermedad febril aguda. Los síntomas suelen aparecer entre 10 y 15 días después de la picadura del mosquito. La OMS advierte de la dificultad, en ocasiones, por reconocer el origen palúdico de los primeros síntomas, como fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y vómitos.

“Los niños de las zonas endémicas con enfermedad grave suelen manifestar una o más de las siguientes presentaciones: anemia grave, sufrimiento respiratorio relacionado con la acidosis metabólica o paludismo cerebral. En el adulto también es frecuente la afectación multiorgánica”, detalla la OMS.

Asimismo, añade que en las zonas donde el paludismo es endémico, las personas pueden adquirir una inmunidad parcial, lo que posibilita la aparición de infecciones asintomáticas.

La OMS subraya también que el diagnóstico y el tratamiento tempranos del paludismo atenúan la enfermedad, evitan la muerte y contribuyen a reducir la transmisión.

“La mejor opción terapéutica disponible, especialmente en el caso del paludismo por Plasmodium falciparum, es el tratamiento combinado basado en la artemisinina”, destaca.

“La artemisinina es un derivado de una planta china de probada eficacia. De fácil utilización (por vía oral o inyectable), actúa rápidamente y elimina el parásito en sangre más rápidamente que otras moléculas disponibles”, explican los especialistas de Médicos sin Fronteras.

“Se habla de terapias combinadas porque la artemisinina se administra combinada con otras moléculas todavía eficaces, normalmente la amodiaquina o la mefloquina. Esta combinación se utiliza para prolongar y reforzar el efecto del tratamiento y retrasar la aparición de resistencias”, detallan.

La fármacorresistencia ha sido un problema muy importante en la lucha contra la malaria. Según indica la OMS, en las décadas de 1970 y 1980, el Plasmodium falciparum desarrolló resistencia a generaciones anteriores de medicamentos antipalúdicos como la cloroquina y la sulfadoxina-pirimetamina, lo que socavó los esfuerzos por controlar la enfermedad.

En los últimos años, se ha detectado la resistencia del parásito a la artemisinina en cinco países: Camboya, Myanmar, República Democrática Popular de Laos, Tailandia y Vietnam.

En la actualidad, entre los principales problemas relacionados con los fármacos antipalúdicos están los medicamentos de baja calidad y los falsificados.

FÁRMACOS FALSOS O DE BAJA CALIDAD
“Los fármacos de baja calidad pueden provocar efectos evitables entre los que se incluyen morbilidad, mortalidad, aumento de la resistencia a los fármacos antimaláricos y pérdida de confianza en los sistemas de salud, en especial en países de renta baja y media”, expresan Paul Newton, director de Calidad Farmacológica  de la Worldwide Antimalarial Resistance Network (WWARN) y Andrea Stewart, directora de Promoción y Comunicaciones de la WWARN.

Ambos especialistas detallan que la administración de medicamentos falsificados, que no contengan antimalárico, no causa en sí misma resistencia, ya que los parásitos no están expuestos a ningún medicamento en la sangre. No obstante, los pacientes pueden continuar buscando otros fármacos si siguen enfermos, hasta que los síntomas mejoren.

Si en aquel momento toman antimaláricos de calidad subestándar, que por lo general contienen una cantidad menor que la indicada de antimalárico, puede crearse el entorno perfecto para que los parásitos resistentes permanezcan en el torrente sanguíneo y puedan seguir infectando a otros pacientes.

El parásito causante de la malaria, una vez que llega al organismo humano a través de la picadura del mosquito, se multiplica en el hígado y más tarde infecta los glóbulos rojos.

Según explicó a Efe el profesor Manuel Elkin Patarroyo, quien creó la primera vacuna sintética contra la malaria hace más de un cuarto de siglo, este parásito “puede reproducirse unas cincuenta veces cada cuarenta y ocho horas. Así, si hay un solo glóbulo rojo de cada mil infectado, en dos días podría haber ya cincuenta de cada mil y en cuatro días la cifra sería de unos 2.500”.

Lo que para el investigador colombiano Patarroyo representa “un número imposible de manejar”. De este modo, comenta que “un glóbulo rojo de cada mil infectado por el parásito de la malaria sería como si en una manifestación de mil personas hubiera un terrorista. Esa es la analogía porque el terrorista puede destruir lo que hay alrededor”.

Precisamente, la investigación sobre vacunas es un capítulo prometedor en la lucha contra esta enfermedad. Por el momento, no hay ninguna vacuna autorizada contra el paludismo. No obstante, los trabajos con la vacuna RTS,S/ASO1, están muy avanzados.

En la actualidad, se está evaluando la eficacia de esta vacuna en varios países africanos. La OMS podría recomendar su uso en función de los resultados obtenidos en dichos ensayos clínicos.

De hecho, se prevé que la OMS formule una recomendación acerca de si la vacuna debe incluirse entre los medios de lucha antipalúdica a finales de 2015.

Pedro Alonso, investigador principal de este proyecto, insiste en la necesidad de considerar las vacunas junto al resto de medidas que ya existen para combatir la enfermedad.

“Esta primera generación de vacunas de malaria, con eficacias de alrededor del 50%, por sí solas no son la solución del problema. Su uso, por tanto, debe contemplarse en el contexto de las otras herramientas de control con las que contamos: las mosquiteras impregnadas de insecticida, los fármacos para el tratamiento, los nuevos test de diagnóstico rápido o las fumigaciones intradomiciliarias”, destaca.

Del mismo modo, la OMS afirma que la utilización a gran escala de los instrumentos disponibles y de las estrategias recomendadas por esta misma entidad, el compromiso firme de los países y los esfuerzos coordinados, permitirán incrementar el número de países que avancen hacia la eliminación de la malaria.

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