Emigrar a Miami con nuestra cultura

Más allá de las fronteras, y que hoy están en la agenda diaria de la opinión pública. Hay un muro más grande, que podría dividirnos. Es el muro de las barreras culturales. La gran barrera a traspasar, derribar, para convertirla en un puente, es la barrera mental de estar acostumbrados a mirar e interactuar en este mundo, según como lo vemos, de acuerdo a nuestros patrones culturales, sistema de creencias y circunstancias.

Emigrar a Miami con nuestra cultura. Lo que debemos aprender de la cultura americana

Venir de donde venimos, nuestros países de origen, nos distingue, nos hace diferentes, y adicionalmente nos convierte en embajadores culturales de nuestra patria. Pero  la mayoría de nosotros no vinimos a ostentar un cargo diplomático o como agregado cultural. Es decir, no vivimos de representar a nuestro país, no de la manera en que podríamos pagar las cuentas con ello.

Que seamos lo que somos, no nos impide ser residentes ejemplares del país que nos acoge. Respetar sus leyes, las buenas costumbres y maneras es primordial. Dar el buen ejemplo es parte de nuestro compromiso.

Al País que fueres haz lo que vieres.   When in Rome do as the Romans.

Ser embajadores o representantes de nuestro país, gracias al gentilicio que nos caracteriza, puede adicionalmente traernos problemas, sobre todo si chocan con la cultura huésped, o si en el caso absurdo, pretendemos traernos las malas costumbres, que aun en nuestros países son contrarias al sistema, pero que son toleradas por la anarquía o la falta de cumplimiento de las leyes y la aplicación de la justicia respectiva.  Y si todavía, no atina a saber de qué hablo, hablemos del cumplimiento de las leyes de tránsito en Estados Unidos, con respecto a nuestros países. Donde siempre habrá mil o diez maneras de solucionar a la hora de ser amonestado por un patrullero de tránsito.

Aquí no podemos, ni podemos pretender hacerlo, llamar a algún amigo de un amigo dentro de cualquier institución pública para agilizar algún trámite. Aquí, las cosas, más que bien, funcionan, existe la calidad en los servicios públicos. Y sobre todo, existe respeto hacia el cumplimiento de las leyes. Es además, una de las principales razones por las que muchos emigramos. Querer estar en un país, donde las leyes se respeten y la justicia funcione.  Pagar impuestos, manejar sin cometer infracciones de tránsito, tener un estatus legal. Estar asegurado en salud, hogar y vehículo. Asistir a los eventos de la ciudad, de la empresa para la que trabajamos, de la escuela, etc., es el dia a dia de todo ciudadano.

La cultura es una carga programática que nos distingue y diferencia del resto, que nos agrupa con los nuestros.

El acento, la forma de hablar, las maneras, las malas y las buenas costumbres, nos ponen en común con muchos otros, a esos que llamamos connacionales, paisanos.

Aquellos son colombianos, éstos son venezolanos, allá van los mexicanos, aquí al lado de los argentinos, y un largo etcétera que adornan nuestro sentido de pertenencia con respecto al lugar donde crecimos.

Como ciudadanos somos corresponsables de nuestro entorno, de nuestra circunscripción electoral y de donde pagamos impuestos. Queremos que el lugar donde nacimos, donde estamos viviendo o donde hemos decidido vivir: simplemente progrese, pero sobre todo que  tengamos oportunidades, para nosotros, para los nuestros, para la sociedad en general.

Muchas veces dadas las crisis particulares de cada lugar, ciudad, país región o continente, nos provoca un  sentido de NO pertenencia, que nos encapsula a unos,  aliena a otros, y autoexpulsa a quienes se sienten ajenos a esa realidad. Muchos no ven la luz al final del túnel. Limitando sus problemas, y oportunidades a tiempo y lugar.

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